DE FILOSOFIA Y COSAS PEORES

De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Si tengo un poco de cultura, es debido al hecho que no estudié para la carrera, estudié para saber; y por la mismita razón me preocupé de conocer este único planeta a mi alcance en esta única vida mía. Y obviamente esta postura fue posible porque nací rico. Mi severo padre murió en un accidente de coche cuando yo tenía diez y ocho años, soy hijo único y mi madre, era el opuesto de mi padre en cuanto a severidad. Yo heredé lo peor de los dos: soy chaparrito y neurótico como mi mamá y demasiado noble y optimista como mi papá-que murió por el optimismo de pensar que aquella curva no se cerraba tanto...

Así saliendo de bachillerato me fui a Inglaterra a aprender un buen inglés y luego me metí en la facultad de filosofía y letra de Milán, donde enseñaba mi mamá. Cuando necesitaba dinero vendía un cuadro o algo así. El trabajo de por sí mismo, es decir para ganar dinero, era algo que desdeñaba yo brutalmente. Para no aburrir mis queridos lectores, digamos que hice el error opuesto de los ricos del mundo: si tienen un millón de dólares quiere tener otro y otro-hasta los setenta mil millones de dólares que tiene Carlos Slim. O los ochenta de Bill Gates. Para mi estas muy exitosas e inteligentes personas son una bola de pendejos, pues no parecen entender que es la vida de un hombre, la medida de todas las cosas. Yo en cambio lo entendí demasiado bien, tan bien que soy pobre. Por lo regular, la gente muere más rica de como nacieron, la única excepción conocida fue Simón Bolívar que nació rico y murió pobre-y yo sigo sus directivas. Lo bueno es que volví pobre después del medio siglo de vida: me la pasé súper bien durante más de cincuenta años.

Últimamente estoy tratando de aprender a usar el Windows 10. Soy totalmente bruto en la tecnología de comunicación y postergué este cambio, desde mi amado y conocido-más o menos-Windows 8,1 lo más que pude; pero lo tuve que hacer a la fuerza y entonces allí estoy tratando de entender todas estas funciones entrelazadas entre ellas y así me salió un anuncio de venta de un Ferrari 246. Estamos hablando de un vehículo de seis cilindros, que se produjo entre 1969 y 1975-cuando salió el 308 a ocho cilindros. Era el Ferrari de "los pobres", costaba cinco mil dólares cuando salió, a lado del 365 de doce cilindros en dos versiones-la más deportiva, con sólo dos asientos y una más lujosa con dos pequeños asientos traseros. Ambas con un costo alrededor de trece mil dólares. Mí 246 era del 1970, roja y en pésimas condiciones de carrocería-estuvo estacionado durante años en el patio trasero de mi casa en Canadá bajo la nieve-pero en buenas condiciones mecánicas. La vendí en cien mil dólares canadienses, como ochenta americanos. El anuncio que me salió era de un 1971 en buenas condiciones-y el precio U.S. $ 5, 000,000-medio millón de dólares americanos. No voy a ver cuánto valdría una Lamborghini Miura del 1970 como la que tenía-o Rolls Royce, Mercedes, Porsche, etc., creo que podría ponerme triste. De hecho desde veinte dos años, nunca me metí a ver cuánto valen estos coches que vendí antes de venir aquí, sería estúpido y ocioso. Pero la Miura era algo de increíble-doce cilindros atrás de tu espalda-y adelante del eje trasero y de lado a lado. Creo que debe de valer como dos millones...La apreciación de todo lo bueno e irremplazable es una consecuencia de la inseguridad y al mismo tiempo de la estética, del culto del bello y del sublime. Un G.T.O. del 1958 vale noventa millones. Y un cuadro de Van Gogh tantito más. Al igual que Monet, Manet, Degas, et al. Entonces ¿Cuánto vale un cuadro de Botticelli, de Rafael o de Leonardo? ¡No tengo idea! No tiene caso que me meta a alabar La Gioconda, el cuadro más famoso del mundo que conlleva una magia-la que te está mirando desde cualquier punto. Pero creo que venga al caso mi admiración profunda por los dibujos de Leonardo: su genio sobresale quizá más en ellos-pocas líneas y ves la cara de la persona en frente-y la de un muchacho que grita: cuatro líneas magistrales y hasta escucha el joven gritando. Una aclaración: La Gioconda o La Mona Lisa son sinónimos; el retrato de Eleonora Benci es...otro cuadro de otra mujer aunque parecido a La Gioconda.

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