DE FILOSOFIA Y COSAS PEORES

De filosofía y cosas peores

Michael Torresini

Nicolás Maquiavelo fue un diplomático, funcionario público, filósofo, político y escritor italiano, y es considerado el padre de la Ciencia Política moderna. Murió en 1540, me parece, y antecede de más de dos centurias a Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, que fue un filósofo y jurista francés, cuya obra se desarrolla en el contexto del movimiento intelectual y cultural conocido como la Ilustración. Pero a mí me parece claro que padece una fuerte influencia de su antecesor. No noble, no rico, pero, según dice el adjetivo que lleva su nombre, muy astuto, vaya maquiavélico. Montesquieu (1689-1755, es decir muerto 34 años ANTES de la revolución francesa) no sabía que su teoría de la división de poderes sería crucial para resolver controversias internas del mayor imperio de la historia universal. El Poder Judicial, una de las tres ramas en que se divide el poder, juega un papel central en este drama. La Suprema Corte de Estados Unidos dio el impulso final a la integración racial; consolidó la libertad respecto al aborto; autorizó el matrimonio entre personas del mismo sexo; fijó las reglas de la separación de la Iglesia y el Estado y confirmó el alcance de las libertades de expresión y prensa.

El tirano Trump hizo lo inimaginable: señalar despectivamente a James Robart, el juez federal del estado de Washington, como "el así llamado juez", por haber votado en contra del veto migratorio. Culparlo de un eventual ataque terrorista debido a su resolución. Antes de eso, había provocado otro escándalo al acusar al juez federal Gonzalo Curiel de ser una persona parcial y lleno de odio y resentimiento por ser mexicano. Etcétera.

Los tribunales federales de apelación de California y de Virginia ya resolvieron la inconstitucionalidad de la pretensión de Trump, fundamentalmente porque está dirigida a perjudicar a los musulmanes debido a sus creencias. Ni en EEUU, ni en México creo yo, se puede sancionar el credo, punir alguien por su creencias. Las pruebas que los estados han presentado al tribunal federal para oponerse a la medida son las numerosas declaraciones del presidente de implementar un veto a los musulmanes, ninguna relacionada con el riesgo que representan a la seguridad nacional.

Esta semana, Robert Mueller, o más bien Müller-el apellido alemán más común donde la u se pronuncia entre la u y la e por la diéresis, el fiscal especial para investigar el involucramiento ruso en la elección de 2016, confirmó que Trump es investigado para determinar si obstruyó la justicia, que es un grave delito. Conforme pasan los días cada vez aparecen signos ominosos en contra del presidente de Estados Unidos.

Otro frente más reciente es la demanda de casi 200 congresistas (166 de la Cámara de Representantes y 30 senadores) y del estado de Maryland y de la capital Washington DC a través de sus fiscales generales, en contra del presidente por violación a la Cláusula de Percepciones provenientes del Extranjero...Y vainas varias... Por lo pronto, la separación de poderes propuesta por Montesquieu hace más de dos siglos y medio es lo que sostiene el sistema democrático de EU ante los embates del tirano Trump. Esto es lo que cuenta. Hace dos semanas, ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Senadores del Congreso federal, Comey declaró que en sus conversaciones con Trump, especialmente la que sostuvieron a solas el pasado 14 de marzo en la Oficina Oval, el mandatario le pidió dejar de lado la investigación del FBI, sobre el general Michael Flynn. Mientras que el presidente ha negado en varias ocasiones que le haya pedido a Comey desechar la investigación de Flynn. Pero ¿Por qué no razonan, por qué necesitan buscar grabaciones, etcétera, no es obvio que el presidente miente? ¿Qué razón tendría Comey a mentir, a inventarse algo de tan importante y en contra de nada menos que el presidente? Ni un idiota, ni un estúpido, ni un loco lo haría-y menos aún el jefe del FBI.

Trump tiene una hermana que es jueza federal, cuya personalidad, según quienes la conocen, es exactamente opuesta a Trump: equilibrada, serena, moderada y apegada a las normas de convivencia. Fue nominada por el presidente Ronald Reagan y ascendida al tribunal federal de apelaciones por Bill Clinton. Me imagino que le habrá explicado al presidente el papel de los jueces en una sociedad libre y democrática. Lo que no sé es si el presidente le haya entendido. Trump se queja ahora de ser la víctima de una cacería de brujas, exactamente como hizo Nixon cuando se vio perseguido por la ley, antes de renunciar.